Wall Street es la calle estrecha dentro de la baja Manhattan. Es considerado el centro de la economía estadounidense. Es ahí donde se ubica la Bolsa de Valores de Nueva York, la más grande por cotización de sus empresas. El nombre proviene de un muro (wall) que construyeron los holandeses en el siglo XVII para defenderse de los indios, colonos estadounidenses e ingleses.

En la Broad Street, muy cerca hay una tradicional taberna-museo llamada “Fraunces” del siglo XVIII donde se puede beber una cerveza y aprender la historia entre el nexo de la gente, el dinero y las ideas. El ambiente alrededor de la Bolsa es frenético, con las calles rugiendo pro el tráfico, las caras contorsionadas de los corredores de bolsa en las calles y sus nerviosas llamadas o sus saltos histéricos sobre documentos que se les caen.

La Bolsa de Valores es muy diferente de sus inicios humildes debajo de un árbol botoncillo en 1792. Lamentablemente no hay ingreso para el público, pero visitar el árbol es obligatorio para aquellos con curiosidad sobre los orígenes de la ciudad. Otro puento importante es el “Charging Bull” una escultura que representa a un toro —el símbolo del optimismo, agresividad y prosperidad financiera— flexionado sus patas delanteras y con la cabeza ligeramente agachada como si estuviese a punto de embestir.

Para completar la visita, se puede visitar el Museo de la Historia Financiera de Estados Unidos en la 48 de Wall Street. Está dedicada a celebrar el espíritu emprendedor y el libre mercado que ha hecho de Nueva York lo que es. Las exposiciones no sólo son sobre la historia de Estados Unidos, sino que también están avocadas a mejorar el conocimiento financiero de la gente.