Nueva Zelanda se constituyó como un destino de turismo verde desde mucho antes de que existiera este concepto. Ya en 1882 creó su primer parque nacional, y desde ese momento se ha dedicado a proteger su belleza natural muy cuidadosamente. Después de todo la vista espectacular de paisajes con montañas, nevados y glaciares; florestas; áreas volcánicas de aguas termales y playas hechizantes de arenas doradas valen la pena mantenerse.

Se debe comenzar por los parques naturales. Entre ellos vale la pena destacar al más visitado de todos: el Parque Abel Tasman, donde se mezcla el verde de los bosques con el celeste del mar. En la llamada Bahía Dorada del parque se puede realizar deportes de aventura como paseos en kayak o navegar por sus aguas tranquilas y azules en un barco.

Otro de mucha importante es el Parque Nacional del Monte Cook, muy cerca de donde se posan los Alpes Neozelandeses. Los glaciares cubren un 40% de la zona del parque. Es posible practicar también deporte de aventura en donde destacan actividades relacionadas al montañismo y senderismo.

En un plan más urbano, no se puede dejar de visitar el Jardín Botánico de Dunedin, el cual cuenta con una vasta variedad de flores y plantas del país. Es importante mencionar que este jardín es bastante antiguo pues data del año 1869 y por ende es considerado como el pionero del país. Es un paraíso para los amante de las flores.