Turquía es uno de los países del Mediterráneo con mayor patrimonio cultural, con ruinas griegas y romanas repartidas por toda su geografía y en un considerable buen estado de conservación. Como legado del antiguo Imperio Otomano, los turcos conservan una serie de tradiciones que hacen del país una rica muestra de multiculturalidad, convivencia entre culturas y cercanía al mundo árabe, con una mentalidad abierta y moderna.

En Estambul es recomendable visitar la mezquita Azul y la de Santa Sofía que actualmente expone una serie de frescos cristianos en contraste con la influencia musulmana del interior. Al atardecer se puede ver una estampa inolvidable: el ocaso del sol mientras el muyaidín llama a la oración desde el minarete de la mezquita. Otro monumentos destacados son la Torre Gálata (desde la cuál se puede disfrutar de una panorámica de 360º de toda la ciudad), los Palacios de Dolmahbache y Tokcapi (con visitas opcionales a la zona del Harén, donde los sultanes intimaban con las concubinas) y una visita a la Cisterna —depósito de agua subterráneo bajo las calles de la ciudad con un ambiente tenue repleto de columnas, con especial atención a la de la medusa, personaje mitológico grecorromano— se hacen imprescindibles.

Destinos fuera de Estambul incluyen el llamado Safranbolu. Perdida entre las montañas al norte de Ankara, esta ciudad se salvó de la modernización arquitectónica que transformó al país en una jungla de concreto. Safranbolu es un paraíso para fotógrafos amateurs y quienes disfruten de un paraje donde el tiempo se detuvo. Calles estrechas, grandes casas otomanas, hay un hamman del siglo XVII, negocios con fachadas de madera y calles de piedra e hierro. Una maravilla que se ha conservado intacta.

Cruzando el estrecho del Bósforo, ya en la parte asiática del país, empieza un recorrido por Anatolia Central, ruina tras ruina, donde se pueden notar los contrastes entre el anfiteatro de Aspendos —célebre por la representación de obras y conciertos de tenores en la actualidad—, el caballo de Troya —situado en la ciudad que le da nombre, entre las ruinas de 9 ciudades distintas de diferentes épocas—, la costa Mediterránea de Antalya —un estilo a la costa croata, donde una excursión en barco hará las delicias de los aficionados al mar— o las montañas de cal y aguas termales de Pamukkale (Castillo de algodón).