Todos los viajes a Japón generalmente empiezan en Tokio. Una de las principales atracciones es el Palacio Imperial, hogar del emperador y su familia. Está rodeado por fosos y murallas masivas de piedra. Algunos lugares del palacio están abiertos al público. En los exteriores está el Kokyo Gaien (el jardín del palacio), que sí está abierto al público. Su belleza atrae a muchos viajeros, por lo que es recomendable ir temprano.

Para ver lo más moderno de Tokio, se debe ir al distrito de Shinjuku donde las luces de los comercios sólo se ven eclipsadas por la monumentalidad de los rascacielos. Otro lugar moderno, pero muy pintoresco en Harajuku. Es bastante famoso por su ambiente juvenil y adolescente, que cada domingo de la semana se reúne allí para exhibir estilos de moda únicos y atrevidos. Además hay música en vivo en sus parques.

Si la visita a Tokio te deja claustrofóbico, puedes ir al sur hacia el majestuoso Monte Fuji. Este volcán sagrado puede ser escalado entre el 1 de julio y el 31 de agosto. Si escalar no es lo tuyo, el Parque Nacional de Hakone está cerca y alberga muchas fuentes de agua termal.

Para más viajes culturales e históricos se debe ir a Kamakura, una pueblo costero al sur de Tokio con aún muchos trazos del Japón feudal. Entre lo mayores atractivos está el gigante de bronce de Buda y el colorido templo de Tsurugaoka Hachimangu. Kyoto, la capital de Japón por más de 1,000 años también guarda muchos sitios como el jardín de roca Zen, el Pabellón Dorado (Kinkakuji) y el castillo medieval Nijo. El distrito histórico de Gion, antiguo emplazamiento de Geishas, es un buen lugar para las caminatas vespertinas.

Hokkaido, la isla más al norte de Japón es un buen destino para los amantes de la naturaleza. El Parque Nacional Daisetsuzan es un destino fijo debido a sus muchos lagos y bosques que se funden con la geografía montañosa. Al otro extremo de Japón está la isla de Okinawa, lugar de sol, playas de arena blanca y aguas turquesas.