El jet lag (disritmia circadiana o síndrome de los husos horarios) es el desorden que altera el reloj corporal de los viajeros después de realizar un viaje de larga distancia. El jet lag se origina porque nuestro organismo está programado para tener un periodo de día y uno de noche dentro de cada 24 horas, y, al alterarse estos períodos por un cambio horario, sufrimos trastornos en nuestros niveles de tensión, temperatura y estado cerebral.

El jet lag provoca en nuestro organismo los siguientes síntomas: problemas del aparato digestivo que derivan en diarreas y vómitos; fatiga generalizada; falta de memoria; apatía y confusión en la capacidad de decisión; e irritabilidad.

La duración del jet lag es diferente en cada organismo, sin embargo, lo normal es que nuestro reloj biológico esté adaptado después de dos a cuatro días. Si después de una semana nuestro organismo sigue afectado por el jet lag, es recomendable acudir al médico para recibir algún tipo de medicación basada en armodafinilo.

Para minimizar los efectos del jet lag en nuestro organismo debemos seguir los siguientes pasos:

Antes del vuelo. Es recomendable iniciar una rutina –una o dos semanas antes– de adaptación en base a los horarios que tendremos que seguir en el país de destino. A esta rutina debemos agregarle el hacer ejercicios y tener una dieta balanceada. Además, las personas que reciben medicación deben hablar previamente con su médico para que los orientes sobre el cambio de horario de la misma.

Durante el vuelo. No ingerir cafeína o bebidas alcohólicas pues las mismas generan deshidratación y alteran el sueño. Se recomienda beber agua en abundancia y cada 60 o 90 minutos pasear por los pasillos de la cabina del avión para ejercitar las extremidades inferiores.

Al llegar a nuestro destino. Debemos adaptar de inmediato nuestros horarios de alimentación y sueño para evitar que nuestro organismo demore el proceso de adaptación. Además, es recomendable comer poco y tomar mucha agua.