El Puente de Brooklyn no sólo es un icono cultural sino también un emblema de la ingeniería del siglo XIX por lo innovador de su construcción. Une los barrios de Manhattan y de Brooklyn en la ciudad de Nueva York.

Fue construido entre 1870 y 1883. En el momento de su inauguración era el puente colgante más grande del mundo con 1825 metros de largo (un 50% más largo que ninguno construido anteriormente, y la luz entre pilas de 486,3 metros. El primer día lo cruzaron un total de más de 1800 vehículos y 150.000 personas. También fue el primero suspendido mediante cables de acero.

Está tan bien construido, que actualmente todavía se encuentra en uso. Pese a que en la época en que se construyó no se realizaban pruebas de aerodinámica a los puentes (esta técnica sólo comenzó a emplearse en los años cincuenta del siglo XX), la estructura abierta del puente evitó que hubiera problemas de estabilidad debido al viento. Además, John A. Roebling, el ingeniero de la obra, había calculado que con los soportes de cable metálico el puente era seis veces más resistente de lo estrictamente necesario

El puente es de estilo neogótico, por los arcos apuntados de las dos torres laterales; durante muchos años estas fueron las torres más altas de todo el hemisferio occidental. El Puente está construido con piedra caliza, granito y cemento.

Actualmente, el puente dispone de seis carriles para vehículos (excepto camiones y autobuses, y una pasarela independiente para bicicletas y peatones. Desde los años ochenta, está iluminado por las noches para acentuar su silueta.

Muchas de las fotografías tipo “skyline” que representan a la ciudad de Nueva York, son tomadas en base a la figura del puente.