El significado de la palabra catacumba.

Los romanos llamaban “necrópolis“, es decir, “ciudad de los muertos“, a sus cementerios. Los primeros cristianos prefirieron el nombre de “cementerio”, palabra inventada por ellos mismos, que significa “lugar del sueño”. De esta manera afirmaban su fe en la resurrección de los cuerpos prometida por Jesús. La palabra “catacumbas” indicaba para los romanos de hace 2000 años una localidad a lo largo de la Vía Appia Antica. Quería decir “el lugar cerca de las canteras”, por la presencia en ese lugar de una serie de canteras de puzolana. Ahí cerca será luego excavado el antiguo cementerio cristiano subterráneo de San Sebastián.
En el siglo IV el Cementerio de San Sebastián empezó a ser llamado también “catacumba”, en atención a la toponimia del lugar. Después, en el siglo IX, el término “catacumbas” pasó a designar “cualquier cementerio cristiano subterráneo”.

Historia de las Catacumbas:

La historia de las catacumbas cristianas de Roma se puede dividir en algunos grandes períodos.

Siglo primero: Pedro y Pablo y los primeros cristianos.

Durante el primer siglo (40-100 d. C.) los cristianos no tuvieron cementerios propios, es decir, catacumbas. La mayoría de ellos fueron sepultados en áreas cementeriales comunes, a flor de tierra y junto a las tumbas de los paganos. San Pedro, en efecto, fue sepultado en la necrópolis vaticana debajo de la actual basílica, y San Pablo fue colocado en una necrópolis a lo largo de la Vía Ostiense.

Ocasionalmente algún cristiano, en cambio, que podía disponer de una propiedad privada, sepultó a sus seres queridos en sepulcros familiares, siempre a flor de tierra.

Siglo segundo: origen de las catacumbas

Hacia el final del siglo II, algunas tumbas de familia de cristianos pudientes, situadas en propiedades rurales y a lo largo de las vías consulares (Appia, Latina, Salaria…) fueron puestas a disposición de los hermanos en la fe. Estos, dada la situación económica precaria en que se hallaban, no estaban en condiciones de adquirir una tumba. Tuvo así comienzo la excavación subterránea. A este período se refieren los nombres de algunos cementerios o catacumbas que recuerdan a los propietarios, los bienhechores, como las Catacumbas de Prisa la sobre la Vía Salaria, de Domitila sobre la Vía de las Siete Iglesias, de Pretéxtate sobre la Appia Pignatelli, las Criptas de Lucina sobre la Appia Antica…


Siglo tercero: las catacumbas son administradas por la Iglesia

Durante el siglo III (200-300 d. C), habiendo aumentado el número de los cristianos., la mayor parte de las catacumbas pasaron a ser propiedad de la Iglesia de Roma y a ser administradas directamente por ella. Lo sabemos con certeza con respecto a las Catacumbas de San Calixto, que dependían de la Iglesia – a consecuencia de la donación del terreno hecha por el propietario desde comienzos del siglo III. La ciudad en ese período superaba holgadamente el millón de habitantes y los cristianos, segúnestimaciones atendibles, eran unas pocas decenas de miles.

Siglo cuarto: el apogeo de las catacumbas

Con el Edicto de Milán, promulgado por Constantino y Li-cinio en febrero del año 313, los cristianos dejaron de ser perseguidos. Se siguió sepultando a los fieles en las catacumbas por devoción a los mártires, quienes habían sido colocados ahí en gran número. Sobre sus tumbas se erigieron pequeñas iglesias o basílicas. Especialmente el papa San Dámaso se distinguió por la devoción hacia los mártires, promoviendo una intensa actividad edilicia en los cementerios subterráneos. Posteriormente, dado el aumento siempre creciente de la población cristiana, algunas catacumbas (las de Calixto, Do-mitila, Priscila, y la de los Santos Marcelino y Pedro) alcanzaron proporciones notabilísimas.

Desde el siglo quinto al noveno:

Periodo donde las catacumbas son consideradas verdaderos santuarios. A comienzos del siglo V, después del “saqueo” de Roma perpetrado por el visigodo Alarico (410), cesó la costumbre de enterran en las catacumbas. Se adoptó a sepultar al aire libre, sobre los mismos terrenos de las catacumbas y, mucho más tarde, en el interior de la ciudad, contraviniendo así una norma que fuera observada durante siglos.

En este largo período de tiempo (400-800 aproximadamente d. C), las catacumbas fueron consideradas auténticos santuarios de los mártires y numerosos peregrinos (los romeros) iban a visitarlas tan sólo para rezar junto a sus tumbas.

A este período, especialmente, pertenecen los devotos grafitos (breves invocaciones de oraciones o recuerdo de ritos cumplidos, grabados sobre el revoque de las criptas por los peregrinos) y la compilación de algunos itinerarios (verdaderas guías de las catacumbas).
Lamentablemente, los tiempos iban empeorando. Los godos dañaron gravemente estos lugares sagrados durante el sitio de Vitiges en 537-538 y el de Totila en 545-546. Otro tanto hicieron los longobardos durante el sitio de Astolfo en el año 735.

En el siglo VIII los papas, no pudiendo ya garantizar una adecuada defensa de las catacumbas y sin disponer de medios para continuas refacciones y la manutención de las basílicas cementeriales, empezaron a trasladar las reliquias de los mártires y de los santos al interior de la ciudad. Estas traslaciones continuaron también en las primeras décadas del siglo IX.

Desde mediados del siglo noveno al decimosexto:El período del abandono.

Una vez terminadas las traslaciones de los mártires y de los santos a la ciudad, las catacumbas fueron definitivamente abandonadas. Derrumbes y vegetación obstruyeron y ocultaron los accesos. En el transcurso de pocos decenios se perdió todo rastro de la mayor parte de los santuarios y cementerios. Las catacumbas, por lo tanto, permanecieron en el olvido en toda la Edad Media.

No sólo se olvidó la ubicación topográfica de casi todos los cementerios subterráneos (alrededor de 60), sino que también empezó a abrirse camino a una grande confusión acerca de sus nombres. Y todo esto duró hasta de Rossi.

El siglo decimoséptimo y el decimoctavo: dos siglos infaustos para las catacumbas

Después del abandono de la Edad Media, las catacumbas empezaron a ser descubiertas, exploradas y estudiadas por el arqueólogo maltes Antonio Bosio (1575-1629). Él por si sólo logró localizar unas treinta, mereciendo por ello que de Rossi lo calificara como “el Colón de la Roma subterránea”. No fue capaz, sin embargo, de ordenar de nuevo la toponimia, es decir, de asignar a cada catacumba su verdadero nombre.

Después de que Bosio falleciera, tuvo comienzo un período infausto para las catacumbas. Los custodios de estas áreas sepulcrales, dejando de lado el método científico de aquél, estaban convencidos de que muchos cuerpos de mártires, todavía se encontraban sepultados en las catacumbas. Dieron, pues, la orden de abrir sistemáticamente todos los lóculos para inspeccionar sus sepulturas, causando así graves perjuicios a los cementerios subterráneos.

En completar la obra de destrucción y saqueo de las catacumbas se distinguieron sobre todo un grupo de buscadores de cuerpos de mártires, que no respondían a la autoridad eclesiástica. Eran personas ruines y sin escrúpulos. Recorrieron las galerías de las catacumbas extrayendo cuanto pudiera procurarles ganancia.

Como si esto no fuera suficiente, también los viñadores, propietarios de los terrenos que esteban sobre las catacumbas, bajaron a las galerías para sacar de ahí material que les sirviera en la construcción de sus casas de campo. Y así vastas zonas subterráneas tomaron ese aspecto desolador en que el visitador las ve hoy: tumbas abiertas, mármoles rotos, frescos irremediablemente dañados.

El siglo diecinueve y Juan Bautista de Rossi: se escribe nuevamente la verdadera historia de las catacumbas

Ya se ha hablado sobre la figura, la actividad científica y los méritos adquiridos por el célebre arqueólogo de Rossi en lo referente a las catacumbas. Es oportuno tan sólo añadir que el papa Pío IX, a fin de favorecer las excavaciones y la obra de conservación de las catacumbas, fundó en 1852 la “Comisión de Arqueología Sagrada”.

En 1925 Pío XI creaba el “Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana”. Finalidad de tal Instituto de especialización, único en su género, es potenciar los estudios de arqueología cristiana y promover su investigación científica.

Las Catacumbas

Las Catacumbas

Las Catacumbas

Las Catacumbas

Fuente de la Información: Este es un trocito de un extenso artículo de Antonio Baruffa traducido por José Juan Del Col