Hoy hablaremos de Islas, como sabéis una de mis revistas recomendadas es Viajes de National Geographic

La semana pasada estuve en La Gomera, y buscando en el baul de los recuerdos encontré este artículo cuyo autor es Ángel Martínez Bermejo que nos expone una excelente redacción que he intentado mejorar en la medida de lo posible añadiendo unas fotos.

La Gomera, Una isla canaria fuera del tiempo

Poco tiempo ha pasado desde que La Gomera era la única isla canaria sin aeropuerto. Había que llegar como siempre, por mar desde Tenerife o La Palma, en un viaje que tenía esa especial sensación de llevarnos a un lugar remoto. A pesar de que hoy se puede viajar por el aire, la mayoría sigue utilizando el transbordador. Cuando éste se aproxima, al contraluz de la tarde se distinguen barrancos que desembocan en el mar, y una costa de acantilados en la que no se ven espacios llanos, ni casas, ni caminos. Sólo una isla abrupta y desierta a la que hay que ir a propósito.

La Gomera

No siempre fue así. Hubo una época en que La Gomera era utilizada como escala antes de enfrentarse a lo desconocido, por lo que el puerto de San Sebastián, la capital isleña, tiene bien ganado un lugar en la historia de la navegación. Aquí recalaron Colón, Cortés, Pizarro y Núñez de Balboa, para realizar la última aguada antes de encaminarse hacia tierras del nuevo continente.

La Gomera

Todavía se conserva el pozo en el que se aprovisionó Colón antes de su partida, señalado con un cartel en el que se lee: «con esta agua se bautizó América». Caminando por las calles de San Sebastián se encuentran otros recuerdos del paso del navegante por esta isla a la que se le dio el sobrenombre de «isla Colombina». La casa en que se alojó es un museo. En la iglesia de la Asunción rezó antes de embarcarse, aunque la construcción actual no conserva restos de su época. Más de su tiempo es la ermita de San Sebastián, con 450 años de memoria.

Hacia la cima de Garajonay

San Sebastián es casi la única puerta de entrada a la isla. Sin embargo, son pocos los que se detienen a pasear por sus calles tranquilas, a echar un vistazo a los sitios colombinos o a la torre del Conde, la muestra más importante de arquitectura militar que hay en Canarias. Lo normal es emprender lo antes posible el camino hacia el interior: al Parque Nacional de Garajonay.

Parque Nacional de Garajonay

Dos carreteras distintas salen de San Sebastián, y las dos llevan al parque, la joya natural de la isla. El bosque, que toma su nombre de Gara y Jonay, una especie de Romeo y Julieta canarios a los que su amor prohibido condujo al suicidio, cubre el centro de la isla y es uno de los más extensos restos de laurisilva que se conservan. Cuesta imaginarse que esta selva subtropical de fayas, brezos, laureles, heléchos y otras especies tapizaba buena parte de la cuenca mediterránea durante el Terciario. La condición de muestra viva de otros tiempos ha hecho que la zona se haya declarado parque nacional y patrimonio de la humanidad.

Una red de senderos permite recorrer todo el parque, aunque el camino más frecuentado es el que lleva de El Contadero hasta El Cedro, pasando por la ermita de Nuestra Señora de Lourdes. También hay que subir al Alto de Garajonay, que, con casi 1.500 metros, es la cumbre más alta de La Gomera. Desde la cima se ven descender, como si de radios se tratase, los barrancos y valles que se dirigen hacia la costa. El Alto es un mirador perfecto para dominar toda la isla, rodeada por el océano en el que parecen flotar las otras Canarias, y con el Teide claramente dibujado sobre el horizonte.

Una visita a La Gomera debe incluir un descenso por el valle de Hermigua. En el camino se distinguen, aquí y allá, algunos de los pitones de roca que se esparcen por muchos lugares de la isla: el Dedo de Dios, los roques de Pedro y Petra y otros más. El valle se ensancha poco a poco, pero sigue encajonado entre paredes de roca en las que la mínima llanura se aprovecha para el cultivo del plátano. Lo que queda en pendiente se entrega a las vides, que se cuelgan de estructuras de caña, las llamadas enramadas. Y desperdigado abajo, el pueblo de Hermigua, al fondo de este escabroso terreno.

Recorrido por La Gomera

El lenguaje del silbo

Ahora, con las carreteras modernas resulta fácil recorrer el valle, pero hay que imaginar cómo eran las comunicaciones no hace tantos años. En la dificultad de desplazarse por la isla se halla el origen del silbo, una forma de lenguaje única en el mundo. Con él, los gomeros intercambiaban mensajes a grandes distancias, o desde un lado a otro de algún barranco infranqueable. Por eso bromean diciendo que inventaron el móvil. En desuso durante décadas, el silbo se enseña hoy en las escuelas gomeras con el objetivo de recuperar esta antigua sabiduría.

Los barrios de Hermigua se agrupan en los huecos que hay entre los precipicios y las plataneras. Aquí se visita la iglesia de San Pedro, o lo que queda del convento dominico, en lo que es el ejemplo más interesante de arquitectura religiosa del valle.
En la misma carretera está el centro arte-sanal y museo etnográfico de Los Telares, creado con la idea de recuperar tradiciones gomeras. Al fondo se llega a la playa, ancha, abierta, donde impresiona ver cómo la isla surge del mar para perderse en la niebla de las montañas. Entre bancales cultivados, la carretera continúa rumbo norte hasta el pueblo de Agulo, situado al borde de un acantilado y repleto de arquitectura tradicional. Igual que Vallehermoso, donde surge una senda que explora su barranco. Más fácil es seguir la carretera hacia el valle Gran Rey. Aquí el paisaje cambia y se motea de caseríos pintorescos, ermitas y palmerales que evocan la imagen del oasis sahariano.

El periplo se completa tomando el desvío que lleva a El Cercado -donde los artesanos siguen trabajando el barro sin usar el torno-y a la fortaleza de Chipude, con recuerdos de las culturas prehispánicas de La Gomera. En Arure, desde la ermita asomada al vacío, se distinguen los paisajes intactos de Taguluche y los Andenes de Alojera, en un entorno partido por barrancos y con el mar al fondo. Un lugar que invita a perderse.

Más fotos de La Gomera.

Torre del Conde - La Gomera

Los Organos La Gomera

Cima Garajonay