La Catedral de Santiago de Compostela es el más importante de los monumentos de Galicia. La ciudad y la muralla fueron construidas en torno a ella. Su origen se ubica en el descubrimiento del Sepulcro del Apóstol Santiago, en el siglo IX. Se trata de la obra clave del románico.

Su entrada principal está en la Plaza del Obradoiro, en el centro histórico declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Allí encontramos la bella escalinata que nos lleva hasta el Pórtico de la Gloria, cumbre de la escultura románica realizado por el Maestro Mateo, con un complejo simbolismo dedicado al peregrino.

El interior del templo tiene planta de cruz latina, con tres naves. Ejemplifica la magnificencia del templo el brazo mayor que mide unos 100 metros de largo y su altura es de 20 metros. La cabecera está rodeada por una girola en la que se disponen numerosas capillas, entre las que destaca la antigua Capilla del Salvador, donde se inició en 1075 la construcción del actual edificio.
La figura del Apóstol, realizada en piedra policromada, se yergue sobre un baldaquino barroco, en el Altar Mayor. Por debajo de este, un pasadizo nos guía hasta el Santo Sepulcro.

El Botafumeiro es uno de los elementos más conocidos del templo, al que recorre pendulando sus 50 kilos por la acción de los hombres conocidos como tiboleiros.

La pequeña Capilla de La Corticela, del siglo IX, contenía las Reliquias primitivamente. Fue anexada a la Catedral por medio de un pasadizo en el XVII.

La visita acaba en el Museo Catedralicio, que expone infinita variedad de objetos que nos cuentan la historia del monumento, y donde se atesora el Códice Calixtino, un manuscrito de incalculable valor.

Cuatro plazas rodean a la Catedral: la del Obradoiro, donde hallamos el Pórtico de la Gloria, la Plaza de las Platerías por el lado sur y con la Torre del Reloj que contiene la Berenguela, la Plaza de la Quintana por el este, con la Puerta Santa que se abre cada Año Xacobeo, y finalmente la Plaza de Azabachería en el lado norte.