Antes de a hablar sobre el trato que se le da al tema de la muerte en América Latina, es necesario contextualizar la información haciendo mención al papel de la religión dentro de la cultura hispanoamericana, dado que la mayoría de la población profesa el cristianismo católico. A continuación enumeramos los principales actos o rituales relacionados con la muerte en Latinoamérica.

A continuación tienes un índice con todos los puntos que vamos a tratar en este artículo.

Índice

Costumbres y comportamientos ante la muerte en América Latina

Rezo de la Novena

En primer lugar, cabe destacar el rezo de La Novena, el cual es común a todos los países de América Latina, ya que engloba una serie de conocimientos compartidos dentro de esta sociedad.

Dentro de la cosmovisión de la cultura hispanoamericana, el número nueve es símbolo de la multiplicidad que retorna a la unidad, de perfección y de la redención.

Cuando un ser querido fallece, se cree que el alma permanece nueve días alrededor del cadáver hasta iniciar su viaje definitivo. Por ello, todas las noches durante los nueve días posteriores al fallecimiento, se reza la Novena en casa del difunto, donde los participantes celebran a su vez un banquete.

De acuerdo con el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), “la Novena es una práctica religiosa institucionalizada que se practica durante nueve días con oraciones, lecturas, letanías y otros actos piadosos, dirigidos a Dios, a la Virgen y a los santos”. Así pues, el rezo de la Novena responde a sentimientos de angustia y necesidad.

Ayudadas por la Novena, las personas tratan de superar la tragedia y hacer una recreación festiva. Se cree que la potencia divina puede actuar en favor del hombre.

Argentina, Venezuela y Paraguay

En estos países, el velorio dura 24 horas y se hace de esta manera porque, según los propios nativos, «San Pedro no espera». Aunque a veces se celebra en una funeraria, normalmente se celebra en casa del difunto y éste es acostado en su propia cama.

Ls velorios son momentos de reunión no solo familiar, sino también de todos los amigos y allegados. Por tanto, son lugares en los que se oyen historias, se cuentan anécdotas, se realizan comentarios sobre política y economía, se juega a las cartas y se cuentan, incluso, chistes.

Acuden masivamente tanto parientes como vecinos y se organizan turnos de rezos que combinan oraciones propiamente dichas con canciones religiosas. Al mismo tiempo, los dueños de la casa organizan un abundante banquete.

Al día siguiente se celebra el entierro, en el que todo el pueblo se dirige en procesión al cementerio. Dependiendo de la clase social a la que perteneciese el difunto, pueden llegar a suspenderse las clases y todo tipo de actividad social.

Después de la inhumación, se barre todo el cementerio y, en algunas ocasiones, se arrojan hojas de coca en la sepultura. Los primeros días después del entierro, se llevan flores a la tumba a diario o semanalmente.

Guatemala

Guatemala es un país multicultural y plurilingüe, por lo que cuenta con diferentes mitos y costumbres que varían según zonas.

La familia guatemalteca se caracteriza por mantener una unión fuerte en cualquier circunstancia, de manera que cuando un miembro fallece, todas trabajan en conjunto para realizar los preparativos de la velación del difunto.

Durante el velatorio, en algunas regiones se ofrece desde chocolate hasta sopas o sándwiches y los participantes recuerdan anécdotas del fallecido; en otras zonas, todo el pueblo pasa la noche fumando, tomando ron y jugando a las cartas, especialmente al póquer.

La velación puede alargarse hasta 72 horas. Al día siguiente, antes de trasladar el féretro al cementerio, se realiza una misa de cuerpo presente en la Iglesia. Caminando detrás del féretro, en ocasiones, acompañan bandas de mariachis.

Perú

Desde la Antigüedad, los peruanos han tenido mucho respeto por los fallecidos y es común la de idea de que, si alguien muere, esto es una ofrenda para Dios y, por tanto, ha de celebrarse una ceremonia ante esta situación.

En Perú, por motivos ideológicos, existen diferencias entre las clases más acomodadas y las de bajos recursos. Esto responde a motivos ideológicos, según los cuales la sociedad ha adquirido ciertos hábitos y praxis culturales que contribuyen a la jerarquización y/o discriminación de los diferentes grupos sociales dentro de esta misma cultura.

Si se trata de una familia de bajos recursos económicos, se realiza el velorio en la casa del difunto y se le entierra en las tierras de su propiedad después de haber realizado una misa con el párroco del pueblo.

Cuando la posición económica es mayor, dependiendo de la importancia del fallecido en vida, se puede llegar a prolongar el velorio hasta tres días y, durante el recorrido al cementerio, se visitan los lugares del pueblo donde pasó los momentos más importantes de su vida.

Ecuador y Bolivia

En Ecuador y Bolivia, cuando un familiar fallece, es una práctica muy común que lo bañen y lo vistan con sus mejores ropas y se le entierre junto a sus objetos más preciados.

Por lo general, el funeral dura dos días en los que se les ofrece a los presentes comida y bebida. Al tercer día se celebra el entierro, en el que todos visten de negro. Los familiares deben permanecer en duelo durante un año.

En algunos pueblos indígenas, especialmente los del oriente ecuatoriano, un chamán realiza un ritual post mortem con hierbas y flores.

Después, se coloca al fallecido en una balsa que está en el agua y, mientras el pueblo celebra una fiesta en honor al difunto, se quema su cuerpo. Al finalizar, se recogen los restos de la balsa y se entierran.

Comunicar la muerte

La diversidad de creencias, ritos, devociones y celebraciones en caso de fallecimiento que tienen lugar en América Latina corresponde a una forma colectiva de ver el mundo, en la que prima el bienestar del grupo sobre el del individuo. La valía de un individuo radica en cómo ha contribuido en vida a la sociedad.

Esta cosmovisión colectivista chocaría con el individualismo existente, por ejemplo, en la cultura norteamericana, en la que se concede gran importancia al individuo, es decir, se valora la autonomía de los seres individuales.

Este colectivismo puede verse reflejado a la hora de comunicar la muerte. Así, cuando se trata de dar el pésame o hablar directamente del tema con un familiar directo del fallecido, se suele partir de la hipótesis de que compartimos una amplia parcela de información con nuestro interlocutor.

De este modo, se suelen emplear enunciados del tipo:

  • Mi más sentido pésame
  • Lo siento mucho
  • Le expreso mi condolencia
  • Le acompaño en su dolor

Para mostrar preocupación por el estado emocional en el que se encuentra el pariente del difunto, suele utilizarse la expresión ¿Qué hubo? o simplemente se pregunta ¿Cómo estás? u otras formas similares.

En la mayoría de ocasiones en las que se da el pésame, la respuesta habitual del destinatario es el silencio. Sin embargo, este silencio esconde una serie de implicaturas mediante las cuales se dice más de lo que parece: responde a un fin y, en este caso, se trata de mostrar al emisor el dolor que se padece.

Normalmente, las expresiones anteriormente citadas van acompañadas de un saludo no verbal, el cual varía dependiendo de si quien lo da es un hombre o una mujer. Entre hombres, lo característico es dar una palmada en el hombro.

En cambio, entre mujeres o entre hombres y mujeres las condolencias suelen ir acompañadas de un beso en la mejilla, quizá porque existe más respeto hacía el género femenino. Este mayor respeto se podría explicar a partir del concepto de “cortesía” en el sentido de “caballerosidad” o “cortesía ceremoniosa”.

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