Hace unos días me puse en contacto con José Vaquerizo, VaKe para los amigos, para pedirle un favor. Quería que compartiera su aventura en el Camino de Santiago con nosotros. Dicho así puede parecer una historia más sin ningún aliciente extra, pero en este caso se trata de una superación personal incluso mayor que las habituales. Vake es discapacitado físico y deportista paralímpico de Boccia. Él y Nieves (técnico auxiliar en este deporte y amiga) emprendieron este camino a 170km de Santiago.

Esta aventura surgió en los Juegos Paralímpicos 2008 en Pekín, cuando un día Nieves y yo hablamos la posibilidad de hacer el Camino de Santiago y empezamos a pensar en ello. Un año después hicimos realidad la idea surgida, lo cual a su vez me sirvió para desquitarme de la experiencia frustrada del camino vivida hace ya una década.
Vaque y Nieves en el Camino de Santiago
La aventura la empezamos el sábado 22 de agosto cuando cogí el tren de Albacete a Madrid, de donde es Nieves. Allí habíamos quedado con un amigo de Nieves que trabaja en una Agencia, cuando se entero de nuestra hazaña enseguida nos encontró un sponsor. Fue Columbia quien tuvo la recompensa, ya que la exitosa difusión nos permitió salir en todos los medios de comunicación promocionando esta marca deportiva, por lo visto mi currículum deportivo ¿interesaba a la sociedad?

El día siguiente salimos en autobús rumbo a Galicia para emprender la andadura en Pedrafita comprobando ya desde el primer día que los 170 km que nos quedaban iban a ser duros. Alternando kilómetros de camino con asfalto, con la ayuda de otros peregrinos que kilometro a kilometro se iban uniendo y sobre todo gracias a la buena forma física de Nieves llegamos a Santiago en una semana, haciendo una media de 30 km al día.
Etapa tras etapa en el Camino de Santiago
Sin duda alguna lo mejor del camino fue el conocer historias humanas impresionantes y la piña que se hace durante el peregrinaje con estas personas. Esto hacia más amena las 7 horas que caminamos al día hasta llegar a la meta. Los albergues eran el punto de encuentro de estas historias andantes. El 90% de estos lugares tenían literas bastante accesibles. Una cosa que me sorprendió, teniendo en cuenta que la mayoría de los puebles eran muy pequeñitos, fue precisamente eso, lo accesibles que eran sus albergues.

Llego la quinta etapa, en la cual se encuentra el tramo más satisfactorio del camino para mi, porque me recordó el tramo que hice en el 2000, esta vez dormimos un el pueblo llamado Ribadiso. Tras coger fuerzas después de comernos el famoso pulpo de Mélide, vino el mismo río que crucé en el año 2000 con 5 peñascos, que pudimos cruzar con ayuda de otros peregrinos y superando una cuesta tras otra llegamos al paraíso de Ribadiso. Un antiguo hospital de peregrinos convertido en un albergue totalmente adaptado en medio del monte y al lado de un río en el cual nos mojamos los pies.
Camino de Santiago Km 78,10
El penúltimo día empezamos a caminar a las 8 de la mañana y llegamos a nuestro destino a las 9 de la noche. Desde el albergue se veían las dos torres mas altas de la Catedral de Santiago y la verdad es que eso motivaba.

Tras la 6ª etapa, la mas larga del camino, llegó el gran día lleno de emociones, despedidas, reencuentros (desde que tome la comunión no había asistido a una misa) y borracheras milagrosas (lo que no me hizo el Apóstol Santiago me lo hizo tres cubatas de más). La anécdota del día fue cuando le negué la ostia consagrada al obispo y seguidamente Nieves también lo hizo y el de al lado hasta que el cuarto, el que menos creíamos que lo iba hacer, se la comió entera más que nada por la cara que le puso ese obispo.

Se que este viajero tiene aun pendientes otras aventuras y me gustaría que nos hiciera testigos de ellas. Por mi parte, espero que esta historia sirva para demostrar que no existen barreras ni limitaciones físicas que puedan impedir a nadie cumplir sus sueños. Gracias Vake por compartir tu experiencia con nosotros!!!!