La Avenida Corrientes de Buenos Aires es famosa por ser “la calle que nunca duerme” y la más querida de los pobladores de la ciudad. Su actual fisonomía la adquiere en 1836 cuando fue ensanchada, pero para los porteños sigue siendo la “calle Corrientes”.

Nace casi en el Río de la Plata, cerca del Estadio Luna Park, sede de eventos deportivos y culturales multitudinarios, recorre unos 8 kilómetros hasta el Barrio de Chacarita, en cuyo Cementerio se encuentran personajes insignes de la talla de Carlos Gardel, Anibal Troilo o Miguel de Molina. En su periplo tiene muchas caras, las de los barrios que atraviesa, y muestra aspectos de la vida de los porteños.


Autor: Dalibor Ribičić

Calle ligada a la historia del tango, con el número 348 inmortalizado en el tango A media luz, y una serie de placas en las aceras que nos recuerdan a sus protagonistas: Carlos Gardel, Tita Merello, Disceplo y tantos más.

El corazón de Corrientes palpita en la Plaza de la República, en el cruce con la Avenida 9 de Julio, presidida por el Obelisco.

Los bares tradicionales se multiplican entre Callao y el río. Nombres como El Foro, La Paz, Cabildo, Pernambuco, y muchísimos donde la tertulia estuvo y estará marcada por la política, la filosofía, la psicología y el arte junto a la concurrencia más selecta.

El corazón del teatro argentino vive en Corrientes, en sus grandes salas como el Gran Rex o el Ópera donde cantara la Piaff, El Nacional, donde en 1933 debutara Gardel, hasta los pequeños del underground, pasando por las revistas o los grandes musicales. Con complejos teatrales como el Teatro y Centro Cultural General San Martín o el Paseo La Plaza.

Sus famosas librerías de saldos, donde podemos encontrar algún incunable perdido en mesas llenas de ejemplares dispares, conviviendo con las grandes librerías como Ghandi o Hernández.

El espíritu de Corrientes pervive a través de los años y de las modas. Un lugar al que no podemos dejar de ir si queremos conocer los secretos de Buenos Aires.