El edificio del Banco Santander es una las edificaciones más importante que se distribuyen a lo largo del Paseo de Pereda y la Calle Castelar. Es considerado como el máximo exponente de la arquitectura civil santanderina de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Es un símbolo no solo para el Banco sino para la ciudad.

Fue en 1919 cuando el Banco compró el edificio. Se trataba de un edificio que era ocupado por un Hotel, la sede del Club de Regatas y varios otros inquilinos. Poseía una apariencia muy diferente a la actual. En 1923 se reformó por completo agregándose esculturas y otros elementos estéticos. El espacio fue ampliado gracias a la adquisición de dos casas cercanas. Desde entonces, el edificio ha sido la sede del banco.

Se trata de un edificio de cinco plantas de estilo neoclásico. Posee dos cuerpos diferentes que se unen por un gran arco. Este fue añadido a finales de los años 50. Su tamaño es tal que permite que pasen tanto peatones como vehículos. El edificio está coronado por esculturas que representan a las artes, la cultura, el comercio y la navegación. Más abajo está el friso donde aparece la banca (en forma de una mujer alada) protegiendo al comerio, industria, mineria, y cultura. También destacan sus magníficos balcones, todos ellos muy bien alineados.

Por desgracia, el interior del edificio no se puede visitar, ya que en la actualidad se trata de una propiedad privada del Banco Santander, así que hay que conformarse con observar su fachada.

Se puede llegar tomando las líneas 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 12, 13 y 15 del autobús de Santander.